lunes, 25 de mayo de 2015

Un encuentro y una pregunta del niño al maestro.


ANGUILAS EN LA TOSQUERA.

¿Vos nunca pescaste anguilas?
En la Tosquera hay una espuma blanca,
vas por lo bajito.
ponés el dedo y la anguila muerde.
Y así, ya es tuya, la tenés.
La carne es rica,  blanquita y blanda.
Con Toti vamos los domingos y las traemos.

Tavito abre los ojos oscuros y enormes
para impresionar a una maestra
que no sabe pescar.

¿Vos no sabes pescar anguilas?
Te voy a traer.
Los grandes dicen que la Tosquera es peligrosa.
Yo no tengo miedo,
 voy por lo bajito y la agarro.
Ni carnada uso,  un  dedo  y listo!
Ahí nomás la tenés…

Tavito abre los ojos oscuros y enormes.
El  miedo no es sonso, sabe.
En juegos fabrica espuma
donde el sol de la ciudad
resume  ausencias.


Boceto en birome. Laura Vichi
      Tavito está en segundo grado y es bastante travieso, pero es uno de esos niños que suelen comunicar experiencias al maestro cuando las circunstancias lo permiten. A partir de una propuesta de juego y dibujo sobre sus actividades en los fines de semana, comenzó a contar en clase sus  aventuras en la Tosquera.  Como en tantas otras zonas del conurbano bonaerense, en Quilmes existe una tosquera, una zona de aguas estancadas, profundas y contaminadas, de altísima peligrosidad. Pese a ello muchas veces es visitada por niños o jóvenes que corren un importante  riesgo.
      En las zonas ribereñas los niños conviven con la amenaza de la naturaleza, cuando la sudestada anuncia la inminente inundación,  algo del animismo infantil se expresa en la frase que usan también los adultos: “Sale el rio”. La inundación y su alcance, son  además, línea divisoria entre sectores y vivencias que los chicos conocen bien: “A usted  no  le llega el agua”.  El maestro que no vive en la misma zona sabe que aunque intente acompañar, prestar palabras, es un espectador frente a esa realidad desbordante. Agregaremos que ante ella  tiene la opción de estar más o menos comprometido. 
             Tavito insiste en lo rica que es la carne de anguila y que con ella puede hacerse  una buena cantidad de milanesas. El maestro es ubicado como quien de eso, no sabe. Desde la ternura infantil hay un deseo de comunicar y compartir su mundo. Hay también una donación desde la que se transforman roles. Un niño le enseña a una maestra que no sabe pescar anguilas.
        Sin dejar de pensar en la instancia de prevención y de cuidado del cuerpo, puesto  que efectivamente se verifican accidentes y muertes en las tosqueras, pienso que es importante rescatar el saber hacer de Tavito. No dejarse tomar por las estigmatizaciones desde lo presuntamente deficitario, poder pensar a  niños y comunidades desde sus fortalezas y posibilidades, está vinculado con el concepto de resiliencia. Este concepto designa que no todas las personas atravesadas por privaciones, por situaciones de riesgo o traumáticas en la infancia y en el contexto social,  sufren inevitablemente  enfermedades o desórdenes en su organización futura. Por el contrario, muchos superaban la situación y hasta pueden resurgir fortalecidos de ella.
         Las investigaciones sobre las condiciones favorecedoras de resiliencia ubicaron la importancia para esos sujetos de la presencia de alguien con quien contar. Como lo resalta Aldo Mellillo,[1] todos los estudios comprobaron que en la vida de las personas  resilientes, estuvo presente un vínculo contenedor, constante e incondicional con un adulto significativo:

« comprobaron que la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo. O sea que la aparición o no de esta capacidad en los sujetos depende de la interacción de la persona y su entorno humano ».

         Llobet y Wesman[2] señalan que la resiliencia:

«no es un rasgo de personalidad., sino que las personas son actores y fuentes de las adaptaciones resilientes, y las familias, escuelas , comunidades, servicios de salud y sociales, son el escenario de promoción de resiliencia, y pueden propiciar y proveer (o no) el despliegue de los factores protectores ».

       Como a otros alumnos  pude reencontrar a Tavito en el contexto barrial,  ahora Gustavo;  me cruza casi 8 años después manejando una moto para un servicio de delivery. Fue él quien me reconoció para saludarme muy afectuosamente. En una charla breve me cuenta que está en pareja con una chica de su edad y tiene una niña pequeña.  Terminó en su tiempo la escuela  primaria y estudia la secundaria en una escuela nocturna.  Me trae alegría y cierto alivio que estudie, trabaje  y  mantenga las marcas de aquella expresividad tan afectiva.
         Pocas tareas insumen tanta energía como el quehacer docente. Trabajar en  diferentes contextos, debe ser para el maestro o profesor  una experiencia elegida, asumida  desde un compromiso particular y vinculable a un registro placentero, en el que esté vigente el  deseo de seguir apostando al encuentro con los niños y su comunidad. 
     Pequeñas marcas que hacemos y nos permiten hacer, marcas del pasaje por la escuela y el encuentro con los niños,  donde nosotros también nos transformamos. Se trata de rescatar la importancia del vínculo,  instancia central como posibilitadora del acto educativo.
     Se trata de aceptar el desafío y descentrar  la mirada, de conmover representaciones, problematizar saberes previos para atreverse a una tarea tan valiosa como necesitada de cuidado, ligada a aquello  que transmite Tavito con su pregunta:
      ¿Vos sabés pescar anguilas?


[1]  Melillo; Aldo. Resiliencia en Revista de Psicoanálisis Ayer y hoy. Nº1. Pág. 1.
[2] Llobet, Valeria. Wegsman, Susana. El Enfoque de Resiliencia en los Proyectos Sociales  en Revista de Psicología de la Universidad de Chile Vol. XIII, Nº 1: Pág. 143-152. 2004


María Victoria Fabre

lunes, 23 de marzo de 2015

El doble en la fotografía de Daria Endresen

             
Kevalk  2009


          Recuerdo con claridad algunos sueños que tuve en la infancia:
       "Era de noche y caminaba  basta llegar al  baño. Tras la puerta una nena pequeña sentada en la bañera, tocaba sus rodillas lastimadas con la insinuación de una sonrisa. Pronto levantó la vista para mirarme fijamente a los ojos. Era  yo, en otra niña que encendía un fósforo sobre su cara, la mía, haciéndome despertar"
       Si en el espejo la imagen devuelve un reflejo que nos parece amable ya que creemos dominarla cambiando gestos y  posiciones, en el sueño el doble se anticipa al movimiento, libre de  nuestra  voluntad. Afuera, algo nuestro marcha solo, se nos ofrece ominoso, oculto en lo más cercano y familiar.
       
Protection  2009
    
       Daria Endresen es una joven artista noruega, fotógrafa digital,  utiliza su propia imagen en la mayoría de las fotocomposiciones que crea. En ellas retorna el mundo interno, donde una belleza oscura toma al cuerpo en su fragmentación  y desdoblamiento. Plagado de imágenes oníricas, espacios aéreos en habitaciones cerradas muestran la armonía clásica de su cuerpo, abierto o suspendido por cuerdas.  Rompe nuestra ilusión del  dominio de una imagen unificada para recordarnos, la muerte, el dolor o la sexualidad.

                                   

     
    El deseo, no se trata de otra cosa que de reencontrar y reencontrarse,  en aquello escrito en un código antiguo, trazas de lo real que el artista transforma en imágenes.
   

viernes, 16 de enero de 2015

Sobre la inutilidad de una medida, para olvidar o recordar.

"Flores para Uma". Laura Vichi



       ¿Qué une en la memoria aquellos recuerdos marcados tan fuerte que vuelven con una imagen nítida y nos sorprenden sin ninguna búsqueda? 

        En “La Insoportable levedad del ser”, Milan Kundera, hace surgir en la experiencia de Tomás,  su idea de “memoria poética”.  Una amante  le recuerda en detalle la belleza de una noche de tormenta. Ese encuentro había sido para ella inolvidable, cada experiencia sensorial había quedado guardada y engarzada como una obra de arte. En su camino olores, sensaciones, estados corporales continuaron reenviándola a la escena.  
         Freud dice que el ensueño diurno, la fantasía en la que el adulto intenta reparar su insatisfacción o su dolor, lleva la fuerza impulsora de experiencias infantiles. Se nutre de esa memoria escrita en un idioma arcaico, sensorial, erógeno;  cuando un deseo emparentado con el actual podía cumplirse.
        Siguiendo sus ideas, en tanto atiende a la importancia del fantasear en la creación literaria, es el poeta, podemos extenderlo a todo artista, quien en el dominio de su lenguaje logra comunicar de manera bella su mundo de fantasía. Pero lo central  es que transforma esa experiencia solitaria en una obra que nos convoca, nos emociona. Hace lazo.
      Una mujer se deja abrazar con los ojos entrecerrados frente a la luz de un ventanal.  Sin saberlo revive escenas de su infancia al jugar con los efectos del sol en el patio de su casa. Dejemos que la madeja se vaya desovillando, con los ojos entrecerrados, donde no importa el tiempo. Allí las palabras mudas, los colores antiguos se agolpan y aparecen por un instante, plenos. 
        Y es por esa memoria que alguien corre en nosotros, como Uma hacia un campo de amapolas.



  Laura Vichi es una pintora bonaerense, actualmente reside en Mendoza. Se formó en EMBA Carlos Morel de Quilmes como Profesora Superior . Destacada por su sensibilidad en la captación del paisaje, no deja ausente el registro de la dimensión psicológica, en la que el dominio del dibujo y la sólida construcción de la figura humana realzan su talento expresivo para el retrato, creando una obra que con facilidad entra en diálogo con el espectador. Continúa comprometida con la tarea docente, la que desarrolló en Quilmes, El Dorado (Misiones), donde residió algunos años y ahora en Mendoza. Alli se encuentra abocada a la formación y difusión de la Pedagogía Waldorf y cursa la Licenciatura en la Universidad de Mendoza.
Su obra premiada y con circulación internacional puede conocerse a través del blog

http://lauravichi.blogspot.com.ar/


                                                                                                              Texto: Marìa Victoria Fabre

martes, 2 de diciembre de 2014

Agua Viva. "Más que el instante quiero su fluir"

Sin título 1975. Clarice Lispector


“Debería existir una pintura  completamente libre de la dependencia de la figura-el objeto-que como la música no ilustrara nada, no contara una historia y no motivara un mito. Tal pintura se contentaría con evocar los reinos incomunicables del espíritu, donde el sueño se torne pensamiento, donde la línea se vuelve existencia”

Michel Seuphor  
         
        Ocuparse del mundo, en portugués, tomar conta,  es cuidarlo amorosamente.
        Abrigándolo en la voz de una pintora  que mientras escribe intenta  apresar el instante, Clarice Lispector procura decir  la cosa, recorre objetos y situaciones para atisbar su propia interioridad. Lo que une lo desemejante. Lo que fluye de la vida.
        Literatura y plástica son las dos vías en las que Clarice construye el puente entre interioridad  y mundo. En Agua Viva, su novela publicada en 1973, habla una mujer que centralmente pinta, pero  va a buscar en las palabras, en la escritura,  una  cuarta dimensión.

        “Cuando vengas a leerme me preguntarás por qué no me restrinjo a la pintura y a mis exposiciones, ya que escribo tosco y sin orden. Es que ahora siento necesidad de palabras- y es nuevo para mí  lo que escribo-  porque mi verdadera palabra ha sido hasta ahora intocada” 

        Palabras plenas, para nombrar el mundo,  darle existencia,  reconocerse en  esa existencia más que  describirla.

        “Quiero poner en palabras pero sin descripción la existencia de la gruta que pinté hace algún tiempo, y no sé cómo. Sólo repitiendo su dulce horror, caverna del terror y de las maravillas, lugar de las almas en pena, invierno e infierno, sustrato imprevisible del mal que está dentro de una tierra que no es fértil. Llamo a la gruta por su nombre y ella pasa a vivir con su miasma.”
       “Y si muchas veces pinto grutas es porque son mi  inmersión en la tierra, oscuras pero nimbadas de claridad”
 
Gruta 1960. Clarice Lispector


                                                 
         La obra pictórica de Clarice Lispector se compone de 16 trabajos muy cercanos al expresionismo abstracto. No hay anécdotas ni figuraciones. Se trata del uso de los elementos constitutivos de la imagen plástica para testimoniar un estado del ser, marcar la impronta de su existencia singular  en este mundo. Trabajo que es también una experiencia física, erógena.

       “Te escribo toda entera y siento un sabor en ser y el sabor en ti es abstracto como el instante. Es también con todo el cuerpo que pinto mis cuadros y en la tela fijo lo incorpóreo, yo cuerpo a  cuerpo conmigo misma”

        Existe una dimensión epistolar en la novela Agua Viva, donde el diálogo interior convoca a un tú,  el lector o el amante, quienes  ausentes o distantes traccionan el fluir del lenguaje. Ofrenda que  invita a reconocer en nosotros lo que fluye de la vida.

                                                                                                                           María Victoria Fabre


jueves, 23 de octubre de 2014

Hildegard Von Bingen: Música, mística y goce femenino

        
          


           
        “No oigo estas cosas ni con los oídos corporales ni con los pensamientos de mi corazón, ni percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en el alma, con los ojos exteriores abiertos…'
                                                                                               Hildegard Von Bingen.




     °Una luz tan intensa que hace temblar el alma”, la inundó  desde muy pequeña. Hildegarda, esa niña frágil  y de salud delicada, es la menor de diez hijos de una familia noble alemana, le corresponde por eso  la vida conventual. Como diezmo sus padres la ofrecen a la Iglesia sin imaginar que se convertiría en una de las mujeres más influyentes de la Edad Media.
         Santa Hildegarda de Bingen, vivió entre 1098 y 1179, fue una abadesa de la Orden Benedictina, mística, compositora y escritora alemana, doctora de la Iglesia,  conocida también como la Sibila del Rin. Desde  los tres años  experimenta visiones, descriptas como la llegada de una gran luz, en las que se conjugan imágenes, colores y música. A los 42 años le sobreviene una intensa experiencia mística, recibe la orden de escribir las visiones que tuviese en adelante.
         El siglo XIII presenta la expansión del fenómeno místico, una  experiencia que parece concernir  a las mujeres, en tanto  “el amor que une a Dios”  revela algo del goce femenino. No obstante,  la experiencia mística  nunca ha sido separada de la sociedad de los hombres y de su Iglesia.  Mirada con recelo, sospechada o marginal, es una experiencia oscura, que escapa al lenguaje y se resiste a la transmisión; pero convoca  desde el vacío que crean el silencio y el enigma. Dice Lacan:

           “Es claro que el testimonio esencial de los místicos es decir que ellos lo experimentan,  pero nada saben de ello.”

      La experiencia mística se diferencia claramente del desorden de los sentidos en la psicosis, según la lectura de Lacan, queda  del lado de la posición femenina. Hildegarda expresa en su experiencia que este estado de mujer asegura el  camino  más corto hacia Dios:

          “Tú no eres más que un limón frágil, el estado de mujer te hace impropia de recibir las lecciones de maestros mortales, para leer las letras sin la forma de instruir de los sabios;pero tocada por mi luz,  que te ilumina “

         Las místicas femeninas pasan generalmente por un testigo, quien ocupa el lugar de lo escrito, de la palabra en el orden del falo, de lo indecible en su relación con un padre improbable, con Dios.  El secretario, el hagiógrafo, el confesor, forman este punto de límite viril, más allá de lo cual lo extático está en exceso,  pero no sucumbe  a la locura.

       “Padre estoy profundamente perturbada por una visión que se me ha aparecido por medio de una revelación divina y que no he visto con mis ojos carnales, sino solamente con mi espíritu.  Dame tu opinión sobre estas cosas, porque soy ignorante y sin experiencia en las cosas materiales y solamente se me ha instruido interiormente en mi espíritu. De ahí mi habla vacilante. (…)”

        Bernardo, Abad  de Claraval, la escucha y alienta, intercede por ella y llega  hasta el Papa Eugenio II, quien junto a la evaluación de un  grupo de teólogos, valida la experiencia que  trasmite en su libro  Scivias: Conoce los Caminos.

         La femineidad está más acá de las lecciones de los sabios, pero en su relación con Dios llega más lejos que  lo que estos pueden alcanzar.  Lacan encuentra en la pasividad un vínculo entre mística y  posición femenina, entiende tal  pasividad, como un no actuar,  resultado de “un largo querer”. Se trata de una pasividad que se hace acto, diferente del goce  fragmentante y  pasivo de las psicosis.
                                               
La Trinidad en su íntegra Unidad,Scivias, Visión II, 2.

           En el Medioevo la mujer encuentra en la mística una expresión que por otros canales le permanece  vedada. Es fuerte la impronta de una dimensión política en la posición de Hildegarda, allí confirma un más allá de la ley de los hombres; renueva la opción ética de  Antígona en el resguardo del derecho de los muertos y la ley familiar.

          Conocemos el pasaje de su historia en el que transgrediendo las normas del derecho canónico realiza el entierro de un noble excomulgado en el cementerio del convento. Las autoridades  le exigen que exhume el cadáver, ella sostiene que había sido reconciliado con la Iglesia antes de morir y oculta los rastros del entierro para impedirlo. Como castigo las autoridades eclesiásticas prohíben el uso de las campanas y los canticos en la vida cotidiana  y la liturgia. Hildegarda  responde con una carta de fuerte contenido doctrinal sobre el significado  teológico de la música, que en ella es vía privilegiada de comunicación con lo divino.  

      Más allá de la ley de la polis, No Toda, la mística presenta  una respuesta al enigma de lo femenino.

                                       

       
         

sábado, 30 de agosto de 2014

Käthe Kollwitz: “La semilla de maíz no debe ser molida”




"Pietá, madre, y entre sus rodillas la vida  como su hijo a la muerte
derramándose  desde el cielo de
una guerra mas”
Muriel Rukeyser  

     En Käthe Kollwitz el arte es compromiso social.
Nacida en Alemania en 1867 su vida atraviesa dos guerras mundiales. Con distintos lenguajes: dibujos, grabados,escultura,  litografías, escayolas, xilografías o carteles, denuncia el  horror ante la violencia y el sufrimiento que trae la guerra.  Proyecta su vivencia personal, marcada por el dolor al perder a uno de sus hijos, Peter y más tarde a  su nieto en el frente de batalla.     
    El famoso cartel con la leyenda Nie Wieder Krieg, "Nunca más la guerra" de 1924  fue el lema de las concentraciones de masas, que cada año a principios de agosto celebraron las organizaciones pacifistas y donde muestra su notable conocimiento de los medios de impresión y del grabado.
       En 1936 la Gestapo la arrestó junto a su esposo y bajo la amenaza de  enviarlos a un campo de concentración, pensaron en suicidarse. Finalmente se les concedió salir de Berlín.. En 1840 murìò su esposo y perdìò a su nieto en combate. Con su casa arrasada, desaparecieron importantes documentos y dibujos. Käthe Kollwitz  murió días antes del final de la Segunda Guerra Mundial, bajo la proteccciòn del Príncipe Ernesto Enrique de Sajonia.
       El mensaje de Käthe Kollwitz sigue vigente:  "Guardad los niños" expresado en palabras y en imágenes. Un mensaje que aún no alcanza.

         
                                                            La Pietá de Kollwitz

       En 1968 Muriel Rukeyser  escribe un poema para  Käthe Kollwitz, con  él recorre su obra señalando la  fuerte marca proyectiva. Numerosos autorretratos revelan su carácter y extraordinaria habilidad técnica.



V- Autorretrato.

Boca mirándote directamente
Ojos mirándote  directamente
desde adentro
mitad luz      mitad sombra
mujer, fuerte,  alemana, joven artista
fluye en
ancha boca sensual que medita
mirandote  rectamente
ojos ensombrecidos con valiente mano
mirándote profundamente
fluye en
valiente boca herida
dolidos ojos encapuchados
viva, alemana, en su primera guerra
fluye en
la cara gastada
una madeja de línea
que cavila , fluye en
madres entre tumbas de guerra
 encorvadas sobre la muerte
cara  al padre
empecinado sobre el campo
fluye en                                                                                
las huellas de su conocimiento
Nie Wieder Krieg
repetido en los ojos
Fluye en
“La semilla de maíz no debe ser molida”
y la mejilla surcada
labios trazados finos
el profundo trazo de la pena
cara de nuestro tiempo
Fluye en
Pietá, madre, y
entre sus rodillas
la vida como su hijo a la muerte
derramándose desde el cielo de
una guerra mas
fluye en
la cara casi borrada
mano sobre la boca para siempre
mano sobre su ojo ahora
el gran ojo
cerrado.

Muriel Rukeyser,   traducción de Diana Bellesi

En  “Seis Poetas Norteamericanas “Contesta.Baila mi danza. Selección, traducción y notas Diana Bellesi. Ediciones Ultimo Reino.


                                              Un recorrido por la obra de  Käthe Kollwitz                         
                                 

sábado, 23 de agosto de 2014

"Encuentro en París": Un cuento de Beatriz Fiotto


                                                               "París es una ciudad cortada a tu medida"
                                                                               Antonio Requeni a Alejandra Pizarnik


      La vio allí mismo,  por la Rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti.  Silueta  desenfocada tras la niebla. Inmóvil, mirando sin ver. Lucia quedó mordida por la curiosidad ante semejante personaje. Y no se trataba de una puesta en escena porque todo el perímetro que abarcaba su vista estaba estéril e indiferente. Era enigmático y entrañable; como su propio mundo. Primera semejanza.
     Se acercó con el derecho natural de quien sabe que su atrevimiento tiene fundamento. La mujer giró su  cara blanca, perfectamente peinada y  pintada, y con sus ojos negros y su historia asomada en ellos, le dedicó una casimirada. Hermosa. Cualidad que se conjugaba con una tristeza en los poros, dándole un bouquet dulce. La dama en cuestión llevaba sombrilla de época en  el antebrazo izquierdo. Su peinado, elevado y  ondeado con reflejos azules. En el moño un capullo de rosa roja. Vestida en color trigo. Era la réplica de una época:. La moda del siglo XIX, que presumían  las damas.
     Se paró junto a ella, en silencio alternaba la vista entre las aguas monótonas  y la mujer inmóvil.
Entonces cobró vida y como si continuara una conversación le dijo: “siempre quise conocer París...” y  suspiró mientras acariciaba la baranda del puente donde estaba ligeramente apoyada. Un gesto desnudo.
- ¿Usted también?... - preguntó Lucía confundida – pero no concluyó su pregunta.
Esta mujer de otro tiempo asintió con la cabeza, luego extendió su mano derecha y le mostró un viejo mapa de la ciudad ya  amarillento y ajado, ya inútil.
- Hasta me había comprado esto, me pasaba horas mirándolo y memorizaba bulevares y edificios, imaginaba la vida dentro de las casas, en los salones. Pero Gustavo nunca me trajo. Me plagó de desmayos, mareos, desvanecimientos, como si en lugar de sangre, por mis venas sólo corrieran sueños.
- Yo tampoco soy de acá. Sin embargo siento que siempre estuve aquí. Es extraño.
-  Eso se lo tiene que agradecer a su autor. ¿Cómo es él?
Lucía la miró y quedó callada. En cambio, comenzó a dibujar palabras ilegibles con la punta del pie. Luego de un silencio irreductible quiso despedirse: Tengo que irme.
La extraña mujer la detuvo.
– Un río, un puente; siempre son tentadores para ellos. Cuídese!. No permita que le hagan eso.
-¿Hacer qué?
- Me hizo beber veneno. Fue horrible...No termine usted arrojándose. – y con la  mirada señaló el río.

       Lucía entró en la habitación de Julio. Vio acomodados junto a la Remington el montón de hojas prolijas, enumeradas. Separados los capítulos por carátulas que los anunciaban. Buscó rápido en los últimos. Entonces leyó. Efectivamente, entre llanto y desvarío, se perdería en el Sena.
¡Ella tenía razón!
Rompió el último capítulo; el 156, y en un rapto de ira o quizás genialidad, mezcló todos los capítulos. Con la alegría nerviosa de un niño en su travesura.
A cambio dejó una nota que decía: “En el fondo, París es una enorme metáfora”.  Vuelvo a casa.
Se arrimó a la ventana y miró desde allí la calle, el día gris. Recordó la cara de Emma cuando le tendía la mano y le preguntaba su nombre:
- Lucía; pero me dicen La Maga. ¿Y Usted?
-Emma; pero me conocen como Madame Bovary.

Beatriz Fiotto.
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Beatriz Fiotto tiene 42 años, es española residente  en Rosario. Es Profesora de Ciencias Económicas. Actualmente estudia Letras en la Facultad Nacional de Rosario ( UNR.) Fotógrafa,  ha presentado sus trabajos en la Exposición de Fotografías Rosario-Santa Fe en Vitoria- Gazteiz (país Vasco- España) en La Yerra 2004, Exposición Internacional Itinerante Fotored 1998. Obtuvo el  Premio "Mejor Imagen Fotográfica" Certamen Modalité 2001, la  Mención Especial en el Salón 14 del Concurso Fotográfico Nacional "San Cristóbal" 2001 y en el Salón 15 en el  2002: Su trabajo fue  publicado en Edición Especial de Fotomundo "La noche", entre otros espacios